Social worker and woman with deafblindness

¿QUÉ INDICAN LOS DATOS?

Solo tres estudios incluidos en la revisión bibliográfica -dos de Estados Unidos y uno de Dinamarca- examinaron el acceso al trabajo de las personas con sordoceguera [4, 19, 20]. Todos encontraron barreras a la participación en el empleo, aunque los tamaños de las muestras eran pequeños y no representativos de la población más amplia. Algunos desafíos que se destacan incluyen las dificultades en la transición de la escuela al trabajo, la necesidad de orientación vocacional [20], y la jubilación temprana como consecuencia de la aparición de la sordoceguera en edades mayores [19].

La Figura 8 compara las situaciones laborales de las personas con sordoceguera, las personas con otras discapacidades y las personas sin discapacidad a través de los conjuntos de datos. Específicamente, la encuesta indica si quien responde ha conseguido un trabajo pago en dinero o en especie en los últimos 12 meses. Los resultados están limitados a personas en edad laboral (15 a 64 años), excluyendo a aquellas que se encontraban estudiando.

En comparación con las personas sin discapacidad, las personas con sordoceguera son estadísticamente menos propensas a estar trabajando a través de todos los 11 conjuntos de datos. Los valores de participación de las personas con sordoceguera tienden a ser más altos en los contextos de bajos ingresos, comparado con los de altos ingresos. Por ejemplo, solo 23% de los adultos con sordoceguera en Irlanda y 29% en Estados Unidos trabajan, comparado con 70% y 75% de las personas sin sordoceguera, respectivamente. En comparación, las brechas en las tasas de participación en Sudán (una diferencia de 15% ) y Ghana (11%) fueron menores. Esta tendencia fue inconsistente, sin embargo, en la medida en que altas brechas en la participación fueron también evidentes en Indonesia (55%) y Vietnam (73%).

Excepto en Uruguay, donde la muestra es muy pequeña para un análisis de estratificación por edades, las personas con sordoceguera en todos los grupos de edades eran estadísticamente menos propensas a estar trabajando comparado con las personas sin discapacidad en todos los conjuntos de datos. Con la excepción de Sudán, donde no hubo una diferencia estadística en el grupo de edad de 15 a 29 años (ver Figura 9 al dorso). En comparación con las personas sin discapacidad, la brecha en la participación parece incrementarse con la edad, y se observa más pronunciada entre las personas mayores en los países de altos ingresos.

Si se compara con personas con otras discapacidades, las personas con sordoceguera fueron estadísticamente menos propensas a trabajar en 7 de los 11 conjuntos de datos (Sudán, Irlanda, Estados Unidos, Vietnam, Indonesia, Tanzania y Sudáfrica), luego de considerar debidamente las variables de edad y género. Sin embargo, las personas más jóvenes con sordoceguera fueron estadísticamente más propensas a estar trabajando en comparación con personas más jóvenes con otras discapacidades en Estados Unidos y Brasil, sin diferencias estadísticas evidentes para este grupo de edad en otros países. Las personas con sordoceguera en edades entre 30 y 49 años son menos propensas estadísticamente a estar trabajando comparado con personas con otras discapacidades en Irlanda, Tanzania y Sudáfrica, y más propensas a estar trabajando en Ghana y Brasil. En el grupo de adultos en edad laboral de mayor edad (50 a 64 años), las personas con sordoceguera son menos propensas a estar trabajando que las personas con otras discapacidades en Irlanda, Estados Unidos y Sudáfrica.

No hubo tendencias constantes entre hombres con sordoceguera y hombres con otras discapacidades, pero las mujeres con sordoceguera fueron menos propensas a estar trabajando que otras mujeres con otras discapacidades en siete de los once conjuntos de datos (Sudán, Irlanda, Estados Unidos, Tanzania, Sudáfrica, Indonesia y Brasil), luego de considerar debidamente las variables de edad y género.

Entre las personas en edad laboral que no están trabajando, las personas con sordoceguera son mucho menos propensas a estar buscando trabajo que las personas sin discapacidad, y esto fue estadísticamente significativo en 8 de los 11 conjuntos de datos. Las personas con sordoceguera eran además estadísticamente menos propensas a estar trabajando en comparación con las personas con otras discapacidades en tres conjuntos de datos (Estados Unidos, Indonesia y Vietnam) y más propensas a buscar trabajo que otras personas con otras discapacidades en Brasil.

Es importante tener en cuenta que estos datos no dan cuenta de la seguridad laboral o del tipo de trabajo. Por ejemplo, en muchos países de ingresos bajos y medios, la economía informal es la principal fuente de trabajo. Mientras que es más fácil encontrar un trabajo informal, el empleo es típicamente menos estable, con menor pago y no ofrece protección a los trabajadores (por ejemplo, seguro por enfermedad o accidentes, pensiones o representación) [21]. Hay evidencias de que las personas con discapacidad en general son más propensas a trabajar en el sector informal [21], lo que es probablemente similar para las personas con sordoceguera. Adicionalmente, las personas con sordoceguera pueden ser menos propensas a trabajar si tienen acceso a la protección social y a beneficios. Por ejemplo, en el estudio realizado en Dinamarca, mientras sólo 8 de 163 (5%) personas con sordoceguera adquirida entre los 18 y los 64 años tenían empleo, 63% recibía la pensión nacional por discapacidad [4].

NUESTRA VOZ

tabla 05

La mayoría de los miembros de WFDB tiene una percepción negativa respecto a los esfuerzos realizados por los gobiernos para garantizar la igualdad de oportunidades en el trabajo y el empleo de las personas con sordoceguera. Mientras que la mitad de todos los encuestados de países de altos ingresos consideraron que las políticas de empleo cubren adecuadamente las necesidades de las personas con discapacidad, sólo el 17% considera que cuentan con medidas apropiadas de apoyo en el empleo. Los miembros destacaron las discrepancias entre las políticas y su implementación.

Los miembros de la WFDB de países de bajos y medios ingresos refieren que las políticas de empleo no consideran realmente a las personas con sordoceguera. Sin embargo, existen servicios para brindar apoyo a quienes trabajan, especialmente en relación con el autoempleo y el sustento. Las diferencias entre los países de altos ingresos y los de bajos ingresos se pueden atribuir al hecho de que el empleo en los países de bajos ingresos es típicamente informal y cuenta con poco apoyo de protección social. En países de altos ingresos, sin embargo, existen barreras significativas al empleo en un mercado laboral mayoritariamente formal. Como resultado, muchas personas con sordoceguera pueden recibir beneficios de discapacidad, los cuales frecuentemente están determinados por los umbrales de ingresos o criterios de incapacidad laboral.

Los miembros de WFDB de diferentes países destacaron muchas cuestiones en común:

  • Existe un vínculo crucial entre educación y empleo: los países escandinavos ofrecen un buen ejemplo de gobiernos que invierten en educación de alta calidad para niños con sordoceguera. Esto empodera a los niños, les da confianza y les ofrece las habilidades necesarias para conseguir un empleo. En la mayoría de los países, sin embargo, la falta de educación adecuada, entrenamiento en orientación y movilidad, y habilidades de la vida diaria para niños y jóvenes con sordoceguera prelocutiva y postlocutiva, limitan gravemente las oportunidades de empleo. Además, pocos países ofrecen orientación vocacional efectiva, y servicios de pasantías e inserción laboral que puedan construir un puente entre la educación y el empleo.
  • Prejuicios de empleadores: Las actitudes constituyen una gran barrera para muchas personas con discapacidad, pero se agravan como resultado de la falta de conciencia acerca de los requisitos de comunicación de las personas con sordoceguera. Esto se debe a la falta de apoyo gubernamental a los servicios de guías intérpretes, lo cual puede aumentar significativamente el costo que enfrentan los empleadores que contratan a personas con sordoceguera. Es claro que en aquellos países donde los gobiernos pagan los servicios de los guías intérpretes, a las personas con sordoceguera les resulta más fácil conseguir un empleo. Las políticas de cuotas y de incentivos fiscales pueden ayudar teóricamente; sin embargo, los temas planteados anteriormente reducen significativamente el impacto positivo potencial. Se han compartido ejemplos de compañías que han empleado a personas con sordoceguera para conseguir descuentos en sus impuestos, pero finalmente no les brindan un trabajo significativo o les dicen que se queden en sus casas.
  • La falta de reconocimiento de la sordoceguera como discapacidad específica: Esto lleva a que las personas sean excluidas de las leyes en varios países. Tal es el caso de Bolivia, donde la ley de empleo no menciona a las personas con sordoceguera. Con frecuencia las personas con sordoceguera no están incluidas en entrenamiento vocacional y programas de empleo dirigidos a otras personas con discapacidad.
  • Pocos países reportaron que sus respectivos gobiernos apoyan financieramente los servicios de guías intérpretes en los lugares de trabajo. Esto reduce de forma significativa la inclusión de las personas con sordoceguera en el mercado laboral.
  • En algunos países, las personas con sordoceguera enfrentan restricciones en relación con su capacidad jurídica. Por ejemplo, un banco puede requerir que la persona con sordoceguera esté acompañada de alguien para firmar un contrato para abrir una cuenta bancaria. Esto limita las habilidades del individuo de manejar sus finanzas y de participar en actividades económicas.

Un estudio de Sense Internacional Perú, realizado en 2018, concluye que la mayor barrera al empleo para las personas con discapacidad, y en particular para las personas con sordoceguera, es el prejuicio de los empleadores y compañeros de trabajo. El estudio recomienda que las medidas de colocación laboral no se enfoquen en un trabajo ´típico´ que las personas con discapacidad puedan hacer, sino que las personas tengan el apoyo para encontrar el trabajo que coincida con su perfil y aspiraciones. También resalta la importancia de usar ´tutores internos´ como un enfoque efectivo para asegurar la sostenibilidad de la inclusión. La implementación de la Ley 29524, que reconoce a la sordoceguera como una discapacidad específica y ordena al Estado promover el entrenamiento y acreditación de los guías intérpretes para brindar apoyo a las personas con sordoceguera, fue identificada por el estudio como un avance vital. El estudio también recomienda la inclusión de incentivos para alentar a las compañías a hacer más a fin de incluir a las personas con discapacidad, en particular a las personas con sordoceguera, puesto que los beneficios tributarios actuales son insuficientes y no han tenido impacto.

Los miembros de la WFDB también describen algunas prácticas interesantes, como por ejemplo personas con sordoceguera que están empleadas y ofrecen apoyo entre pares y tutoría para quienes buscan trabajo.

RECOMENDACIONES

  • Asegurar que las personas con sordoceguera estén adecuadamente incluidas en leyes, políticas y programas relacionados con el empleo.
  • Asegurar la prestación adecuada de guías intérpretes para el trabajo y el empleo.
COVID-19 y la sordoceguera
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